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No creo que cueste mucho trabajo ser un poco ecológico: reciclar, evitar gastos innecesarios de electricidad y agua, incluso, en la compra diaria.

Nuestra forma de vida nos lleva a consumir más de lo que realmente necesitamos y deberíamos plantearnos muy seriamente una especie de Protocolo Kyoto casero.

Algo tan simple como cerrar el grifo del agua mientras nos cepillamos los dientes, nos enjabonamos en la ducha, el afeitado diario o limpiamos los platos, ayuda a evitar que el preciado líquido de la vida, tan escaso, se vaya por la tubería tal como salió del grifo.

Cuando vamos a la compra deberíamos evitar comprar alimentos embasados, porque ahora hasta la fruta te la venden en una bandejita. Estos materiales son altamente contaminantes, pero al menos pueden ser reciclados.

Otra cosa que no comprendo son aquellas personas que cogen el coche para todo, si tienen que ir al final de la calle para comprar el pan, ponen las manos sobre el volante, si quedan para tomar café y el bar está a dos esquinas de la casa, pues también se montan en el vehículo, ¡con lo bueno que es andar y lo difícil que está aparcar!

Otra cuestión es la electricidad, vivimos rodeados de electrodomésticos y otros aparatos que se alimentan al ser enchufados a la pared, por no hablar de la calefacción.

Una manera de ahorrar sería utilizando Bombillas de Bajo Consumo. La bombilla común gasta casi todo en calor, la de ahorro en luz con lo cual es una ventaja. Puede decirse que estas B. B. C. son un “tecnomilagro”, ( www.hoycambiomibombilla.com ), al alcance de todos.

Por cierto, estas bombillas no deben reciclarse en el contenedor de vidrios, hay que indagar en las grandes superficies que suelen poner puntos de recogida para tubos fluorescentes.

Con estos pequeños cambios en casa, podemos aportar nuestro granito de arena para evitar el aumento de CO2, el mayor culpable del calentamiento global.