Añoro tiempos pasados, aunque esté mal pensarlo, el pasado, pasado está y jamás volverá, pero es inevitable, que una simple canción te traslade de manera mágica a ese tiempo en que quizás te sentías mejor porque todo era como vivir en un cuento de hadas. El rastro de un perfume dejado por un desconocido hace que a la memoria venga la imagen de alguien, alguien que hace mucho dejo un vacío en nuestro mundo, pequeño y semiperfecto, ¿qué será de él (ella) ahora?

Una imagen vale más que mil palabras, eso es cierto, ¿por qué al mirar una foto todo un mundo se despliega ante nuestra memoria?

Estas fechas, las del Solsticio de Invierno, tiene la virtud de ser felices y melancólicas, alegres y tristes, festejos y duelos, todo se da en estas fiestas que los cristianos rebautizaron como el Nacimiento del Niño Dios, pero este título goza de antigüedad lejana, el Niño Sol nace después del solsticio, cuando la noche más larga termina y comienzan los días a crecer.

Entonces, la melancolía del oscuro y frío invierno va dando paso a la fiesta de la Luz, la Madre Ancestral a dado a Luz.

Celebramos algo vacíamente sin saber si quiera por qué, pero si buscáis una razón para felicitar siempre la hallareis.

En estas fechas me siento algo triste a veces, y otras alegre, con ganas de compartir y de reir.

Añoro, es cierto, pero no dejo de mirar hacia delante.

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