Una vez en
El ascenso final nos lleva a 1.500 mts., de altura y desde allí al Puerto de los Pilones y al Torrecilla. Subir por
Por la situación geográfica de
El ascenso por la cañada es algo duro, pero la foresta que lo rodea merece la pena. El bosque de viejos pinsapos acumula en su retorcida y oscura corteza el brillante musgo, que parece de un verde luminoso a pesar de lo umbrío. Mientras que una multitud de gotitas permanecen suspendidas en las ramas y hojas de los pinsapos esperando caer al ser batidos por el viento que, en la cañada, ha dejado de soplar.
El silencio lo inunda todo, nada parece moverse y ningún sonido se oye, a excepción de nuestros pasos y la respiración ajetreada por el esfuerzo de un ascenso prolongado.
¿Cuándo llegaremos arriba?, nos preguntamos mientras hacemos un alto en el camino y contemplamos esos extraños abetos que tienen mucha historia que contar.
Las nubes bajas se entremezclan con el paisaje circundante envolviéndolo todo en un halo de misterio y cuando llegamos arriba, dejamos atrás la línea de árboles y la vegetación que lo acompaña para encontrarnos con un paisaje totalmente distinto y otras plantas que ya pertenecen a la alta montaña, a excepción de esos otros ancianos de
Pero, si el tiempo empeora a lo largo del día, una copiosa nevada cubrirá la sierra con un manto blanco inmaculado y frío, donde las huellas y los senderos quedan ocultos y no es difícil perderse.
Los truenos suenan en la lejanía y el viento helado nos obliga a desistir en nuestro empeño de visitar al gigante de este lugar, la cumbre del Torrecilla (1.918 mts.). Debemos regresar, pues la nevada y el viento ya han aterido nuestras manos y los dedos helados a penas si se sienten; volvemos a encontrarnos con
La cañada se ha cubierto de nieve, los pinsapos sostienen ahora un manto blanco en sus pobladas ramas e incluso, lágrimas de cristal cuelgan de ellas. Somos los primeros en pisar esa crujiente y blanda nieve, amortiguando nuestros pasos por un sendero que difiere del barroso terreno de la mañana.
Todo parece tan mágico y hermoso.
Para los que vivimos en zonas donde la nieve no hace acto de presencia y nunca en nuestra vida hemos visto una nevada, los sentimientos y emociones que se experimentan son los similares a quienes ven por primera vez el mar.
Yo tuve esta experiencia en este lugar y en las condiciones que describo y en aquellos momentos pensé que estaba soñando y me encontraba en una tierra que nada tenía que ver con la que conozco.
La naturaleza es simplemente hermosa.

















Leo que hemos tenido un día parecido.
Estoy agotada, me duelen los ojos y tengo la cara cortada por el viento, pero ha merecido la pena.
Besos.
Qué bonito el lugar en el que has estado. Comparto lo de la cara cortada por el viento, ja,ja,ja.
Un beso.
uff , el sitio tiene que ser increible ,pero es que lo has ido contando de tal manera que me ha entrado una envidia total por no estar allí ,jjeejje.